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- Y ¿si vamos a bailar?- le dijo ese chico. Ella sonrió coqueta y se fueron a la pista. Era verano, y un aire caliente la llevó lejos.
Hace unos años, ya no sabe cuántos, -quizás, simplemente no quería acordarse- le pasó vivir esa historia, ésa que sólo se cuenta una vez en la vida, demasiado corta de vivirla, demasiado larga de recordar.
Una vuelta, los tacones girando, y vamos el tiempo hacia atrás. Una sonrisa cómplice bastó para abandonar el baile y volver a esa isla. Ahí está él, sí, es él. El mismo trigueño de sus recuerdos,
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